miércoles, 25 de abril de 2012

"LOS CUATRO MONAGUILLOS" - CAPÍTULO X


Capítulo X


VICENTE  RESUCITA
           

    Conocíamos nuestro oficio como la palma de nuestra mano. La iglesia para nosotros no tenía secretos. Dominábamos los cánticos, las respuestas en los rezos de cualquier ceremonia y, cómo no,  jugábamos a representar  la liturgia.

    Fue, si mal no recuerdo, el año que D. Vicente estaba en Argentina. Se había instalado el catafalco de Semana Santa en el pasillo central de la iglesia, una tarde en que ésta estaba vacía. Dioni y Vicente nos gastaron una buena broma a Luisito y a mí. Hicieron como que se iban a sus casas, y nosotros nos quedamos rezagados en el corralillo, terminando la partida de canicas al gua. Cuando penetramos en la sacristía para salir por la iglesia a nuestras casas, vimos a Dioni delante del catafalco, entonando un responso, vestido con sus ropas de monaguillo.

- Dies  irae, dies illa, solvet saeclum…- Dioni con cara de seriedad frailuna entonaba a grito pelado el responso.

    Nos miramos Luis y yo sin saber qué hacer. Picados por la curiosidad, nos acercamos sonriendo, sin tenerlas todas consigo. De pronto, Vicente, con una cara pálida de difunto, se incorporó por encima del catafalco, dándonos un susto de muerte. El pánico se apoderó de nuestras mentes, y, sin pensar en la trampa, salimos corriendo como alma que lleva el diablo. Nos  paramos al final de la iglesia, mientras oíamos cómo nuestros amigos se reían de nosotros.

-¡Vaya collicas, cobardes, miedicas! - oíamos a nuestras espaldas mientras corríamos.

-Es que no veas, chiquetes, el miedo que nos ha entrado al ver a Vicente blanco como un muerto… No pensábamos -titubeé- que iba a estar allí encima.

Dioni había blanqueado la cara a Vicente con la cal de un cubo abandonado en el corralillo por las enjalbegadoras.

    Aún no habíamos superado del todo “la  muerte“, pues el hecho de salir corriendo  lo explicaba todo.

CONTINUARÁ…

Antonio Morena Ruedas.

 

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